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Campo

Enero cerró con un desplome histórico de lluvias y golpea de lleno al corazón sojero de la región núcleo

Con precipitaciones 66% por debajo del promedio, la falta de agua durante el mes más crítico del ciclo agrícola comenzó a traducirse en pérdidas irreversibles de rinde en la soja de primera, especialmente en el noreste bonaerense, mientras el maíz tardío también muestra signos alarmantes de estrés.

  • 02/02/2026 • 12:01

TAPA DEL DÍA

Enero dejó una señal inequívoca y preocupante para la campaña agrícola en la región núcleo: la lluvia no apareció cuando más se la necesitaba. Según el último informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), el mes cerró con un promedio de precipitaciones inferior a los 40 milímetros, cuando el registro histórico ronda los 110 mm. El déficit acumulado alcanza el 66% y ya impacta de forma directa en el potencial productivo de los principales cultivos.

La situación es particularmente delicada para la soja de primera, que atraviesa su período más crítico de definición de rinde. La falta de agua comienza a traducirse en pérdidas que, en muchos casos, ya son irreversibles. El noreste de la provincia de Buenos Aires aparece como la zona más comprometida, con recortes severos en las expectativas de producción.

De acuerdo con la red de estaciones meteorológicas BCR-GEA, de las 36 estaciones relevadas solo una alcanzó la media histórica mensual: General Pinto, en el noroeste bonaerense, con 122 mm. En áreas cercanas, los acumulados oscilaron entre 45 y 90 mm, aún por debajo del promedio. En contraste, la franja central de la región núcleo exhibe los peores registros: en Álvarez apenas se midieron 9 mm, mientras que en Pujato, Maggiolo y Godeken los valores no superaron los 11 mm.

La fotografía hídrica del suelo es elocuente. La sequía se profundiza y ya afecta a la mitad del área agrícola de la región núcleo, con especial intensidad en su sector central. El resto del territorio presenta escasez de agua, y solo en el sur persisten algunos núcleos con condiciones apenas regulares.

Durante los últimos siete días se registraron algunas precipitaciones, organizadas en tres eventos, aunque con una distribución muy desigual. Las lluvias se concentraron casi exclusivamente en el oeste de la región núcleo, beneficiando al noroeste bonaerense y al sur de Córdoba. En Rufino se acumularon 68 mm, en General Villegas 62 mm y en General Pinto 45 mm. Sin embargo, el centro y el este de la región continuaron prácticamente al margen de estos aportes, sin lograr revertir el marcado déficit hídrico.

En este contexto, la soja de primera muestra signos claros de estrés. Actualmente, el 60% del área se encuentra en plena fructificación, un 5% inicia el llenado de granos y el resto aún transita la floración. La ausencia de lluvias en esta etapa clave comienza a reflejarse en pérdidas de potencial productivo. En Pergamino ya se estiman mermas de hasta el 50% del rinde esperado, mientras que en Bigand se observan plantas marchitas, caída de flores y daños que podrían traducirse en pérdidas del 15 al 20% si no llegan lluvias en el corto plazo.

En Marcos Juárez, aun con algunos milímetros recientes, se registran plantas muertas en sectores bajos y un freno en el crecimiento que implicará pérdida de nudos y menor rendimiento. A este escenario se suma la presión de plagas asociadas a la sequía y las altas temperaturas, como arañuelas y trips, que obligaron a intensificar los controles.

Las lluvias registradas en el oeste permitieron sostener, por ahora, la condición general del cultivo respecto de la semana anterior. Un 5% del área se califica como excelente, un 30% muy buena, un 50% buena y el 15% restante regular. En zonas donde enero aportó algo más de agua aún existen márgenes para sostener expectativas completas de rinde, especialmente en lotes con mejores suelos y manejos más eficientes.

La soja de segunda, en tanto, mantiene una ventana de recuperación. Cerca de la mitad de los lotes continúa en estadios vegetativos y el resto inicia la floración. Aunque el crecimiento aparece retrasado en sectores de Marcos Juárez, Bigand y Pergamino, todavía hay margen para recomponer el potencial si se concretan nuevas precipitaciones en el corto plazo.

El maíz tardío tampoco escapa al impacto del clima. Unas 90.000 hectáreas se encuentran muy comprometidas por la combinación de altas temperaturas y falta de agua. Casi la mitad de los lotes presenta condición regular, con plantas estancadas y alta dependencia de futuras lluvias. El noroeste bonaerense muestra el mejor panorama, mientras que el sur santafesino y el sudeste cordobés atraviesan una situación crítica.

Desde la BCR anticipan chances de chaparrones aislados a partir del martes, con mayor probabilidad de lluvias hacia mitad de la primera semana de febrero. Sin embargo, los pronósticos de corto plazo no aseguran un alivio inmediato y sostienen la incertidumbre sobre el corazón productivo del país.

Opinión pública

Lo que deja enero no es solo un registro climático adverso, sino una advertencia estructural: la fragilidad de un sistema productivo que depende cada vez más de lluvias oportunas y menos previsibles. La campaña todavía no está definida, pero el daño ya es tangible. La pregunta que empieza a tomar fuerza no es cuánto puede recuperarse la cosecha, sino cuántos márgenes de error le quedan al principal motor agrícola de la Argentina.

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