Los panaderos habilitados de Pergamino valoraron los controles que descartaron la presencia de bromato de potasio en productos analizados, pero advirtieron que esos resultados no reflejan la totalidad del mercado. Según denuncian, una parte importante del pan consumido proviene de elaboraciones clandestinas sin controles sanitarios. Panaderos de Pergamino cuestionan los alcances de los controles bromatológicos La Dirección de Bromatología de Pergamino informó recientemente que las muestras tomadas en panaderías habilitadas de la ciudad dieron resultado negativo para bromato de potasio, una sustancia prohibida por sus efectos perjudiciales para la salud. La noticia fue recibida de manera positiva por los establecimientos que trabajan dentro del marco legal, ya que consideran que confirma el cumplimiento de las normas vigentes y la importancia de mantener controles periódicos sobre la elaboración de alimentos. Sin embargo, desde el sector plantearon una preocupación que, aseguran, permanece fuera del debate público: la existencia de una gran cantidad de pan elaborado por fuera del circuito formal. Los empresarios panaderos sostienen que los operativos oficiales alcanzan únicamente a las panaderías registradas, mientras que los establecimientos clandestinos continúan produciendo y comercializando sin inspecciones conocidas. Denuncian que más de la mitad del pan consumido podría no estar controlado Según referentes del rubro, una proporción significativa del pan que circula diariamente en Pergamino provendría de elaboradores no habilitados. Aunque no existen estadísticas oficiales que confirmen esa estimación, aseguran que se trata de una situación conocida por quienes trabajan dentro de la actividad. “Nos parece muy bien que hagan los análisis. Siempre los reclamamos y queremos que existan. El problema es que siempre se controla a los mismos”, señalaron desde el sector. Los panaderos remarcan que, mientras las industrias registradas deben cumplir con requisitos de higiene, habilitaciones, controles, pago de impuestos y obligaciones laborales, los productores informales compiten con una estructura de costos mucho menor. Además, advierten que el consumidor puede interpretar que todo el pan comercializado en la ciudad está bajo supervisión sanitaria cuando, según sus denuncias, una parte del mercado queda fuera de esos controles. El reclamo por la competencia desleal y el transporte sin habilitación La preocupación de los panaderos no se limita al aspecto sanitario. También apuntan al impacto económico que genera la venta de productos elaborados clandestinamente a precios inferiores a los habituales. Desde el sector explican que sostener una panadería formal implica afrontar costos relacionados con empleados registrados, cargas sociales, servicios, impuestos y exigencias bromatológicas que no tienen quienes trabajan fuera del sistema. Además, denuncian que parte del pan clandestino se distribuye diariamente en vehículos que no contarían con habilitación para el transporte de alimentos, abasteciendo comercios de distintos barrios de la ciudad. “Los controles son bienvenidos, pero tienen que ser iguales para todos. Si solamente se inspecciona a quienes ya están registrados, el problema de fondo nunca se resuelve”, expresaron. Desde el sector reclaman al Municipio una mayor presencia sobre los elaboradores informales y sostienen que el debate no solo involucra la situación económica de las panaderías, sino también el derecho de los consumidores a conocer el origen y las condiciones de los alimentos que llegan diariamente a sus hogares. TAPA DEL DÍA