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Economía

Crédito en alerta: con morosidad récord, los analistas anticipan una baja de tasas para reactivar el mercado en 2026

Tras un 2025 marcado por fuertes contrastes, el sistema financiero enfrenta el desafío de ordenar el crédito en pesos. La mora en niveles históricos y el costo elevado de los préstamos obligan a una normalización que, según los especialistas, podría llegar este año, aunque sin repetir un boom como el del inicio de la era Milei.

  • 08/01/2026 • 11:12

TAPA DEL DÍA

El mercado de crédito en pesos comienza 2026 bajo una tensión evidente. Por un lado, dejó atrás un 2025 con crecimiento real y una recuperación que no se veía desde hace años; por el otro, arrastra una morosidad en niveles récord y tasas que aún no terminan de reflejar el cambio de escenario monetario. En ese delicado equilibrio, los analistas coinciden en que el próximo paso será una baja de tasas que permita ordenar las variables y darle un nuevo impulso al financiamiento.

La expectativa no es menor: el crédito al sector privado alcanzó en 2025 el 10,6% del Producto Bruto Interno, el nivel más alto desde 2018, tras crecer casi 32% en términos reales, según estimaciones privadas en base a datos del Banco Central. Sin embargo, ese avance se desaceleró de manera abrupta en la segunda mitad del año, cuando la suba de tasas y el aumento de la mora frenaron el ritmo que había mostrado el sistema en los primeros meses.

Para el economista Federico González Rouco, de la consultora Empiria, 2026 será clave para “poner orden” en el mercado de crédito. El diagnóstico es claro: las tasas de referencia bajaron con la política monetaria, pero ese alivio todavía no llegó al bolsillo de las familias.

“La mora y las tasas tienen que bajar. El Banco Central redujo las tasas de política, pero el costo de los créditos personales y de las tarjetas sigue siendo muy alto”, explicó. En su visión, la caída de la nominalidad permitirá un descenso de tasas a lo largo del año, aunque el traslado a los préstamos al consumo será lento y desigual.

Desde otra mirada, Guillermo Barbero, socio de First Capital Group, señaló que algunas líneas ya comienzan a mostrar señales de recuperación. Entre ellas, destacó al crédito hipotecario y a los préstamos comerciales, aunque aclaró que todavía representan una porción reducida del total.

“Todo lo vinculado a tarjetas de crédito y préstamos personales viene más rezagado, muy asociado al incremento de la morosidad que vimos en el último semestre”, advirtió el analista, al describir un escenario donde los bancos siguen actuando con cautela.

El crédito hipotecario aparece como uno de los grandes pendientes. Si bien tiene potencial para crecer, los especialistas coinciden en que su despegue es más complejo porque requiere fondeo de largo plazo, una condición que aún no está plenamente resuelta. En ese contexto, las líneas personales y las tarjetas podrían reaccionar con mayor rapidez si se consolida la baja de tasas.

Un panorama distinto se observa en el financiamiento a empresas. Allí, el impacto de las tasas de referencia suele ser más directo y la segmentación de productos permite una adaptación más rápida a los cambios del escenario macroeconómico. “Es un mundo diferente al del crédito a personas, donde el traslado de las condiciones financieras es mucho más lento”, sintetizó González Rouco.

El contraste con 2025 es inevitable. Durante el primer semestre, el crédito creció con fuerza y mostró un dinamismo que sorprendió incluso a los propios bancos. Pero a partir de julio, la incertidumbre electoral y la volatilidad de tasas marcaron un punto de inflexión. Los saldos impagos del sector privado alcanzaron el 4,5% y acumularon diez meses consecutivos de suba, mientras que en las líneas destinadas a familias la mora trepó al 7,8%.

“Hubo un frenazo importante en la segunda mitad del año. Algunas líneas dejaron de crecer y otras directamente retrocedieron”, recordó Barbero. Para González Rouco, ese período dejó una lección clara: “La volatilidad tuvo costos visibles en la inversión, en el crédito desembolsado y en la morosidad. Ese combo no ayuda a consolidar un proceso de expansión”.

Opinión pública: el desafío de 2026 no pasa por volver a crecer rápido, sino por crecer mejor. Sin una baja sostenida de tasas y una recomposición del crédito al consumo, el sistema corre el riesgo de expandirse sobre bases frágiles. La normalización puede ser menos espectacular que un boom, pero será clave para que el crédito deje de ser una promesa y vuelva a convertirse en una herramienta real de desarrollo.

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