La publicación del índice de precios al consumidor (IPC) de diciembre por parte del INDEC marcará mucho más que el cierre estadístico de 2025. Será la llave que active una nueva actualización en dos de los principales regímenes impositivos del país: el Impuesto a las Ganancias y el Monotributo, cuyos cambios comenzarán a sentirse en el bolsillo a partir de febrero de 2026. La reforma fiscal aprobada en 2024 estableció que ambos esquemas se ajusten de manera semestral según la inflación acumulada. En este caso, el cálculo se realizará sobre el IPC del segundo semestre de 2025. Las estimaciones privadas coinciden en que el acumulado entre julio y diciembre rondará el 14%, tras un diciembre que podría ubicarse entre el 2,3% y el 2,5% mensual. De confirmarse ese porcentaje, el impacto será inmediato: subirán los mínimos no imponibles, las deducciones y las escalas del Impuesto a las Ganancias, al igual que los topes de facturación y las cuotas mensuales del Monotributo. Aunque la actualización rige formalmente desde el 1° de enero, el efecto concreto en salarios y pagos llegará recién con las liquidaciones de febrero. Ganancias: nuevos pisos para empezar a tributar Con una actualización cercana al 14%, el mínimo no imponible del Impuesto a las Ganancias dará un nuevo salto en el primer semestre de 2026. Para los empleados en relación de dependencia, los valores estimados quedarían de la siguiente manera: Empleados solteros sin hijos: comenzarán a pagar Ganancias si su salario bruto mensual supera los $3 millones. Trabajadores casados con dos hijos: el piso se elevará por encima de los $4 millones brutos mensuales. Estos montos funcionan como una frontera clave para más de un millón de asalariados, ya que determinan a partir de qué nivel de ingresos el impuesto empieza a descontarse del sueldo. Monotributo: nuevos topes de facturación para 2026 El Monotributo también se ajusta dos veces al año en función de la inflación. Con el aumento estimado, los límites máximos de facturación anual desde enero de 2026 quedarían reconfigurados de la siguiente manera: Categoría A: hasta $10,25 millones anuales. Categoría B: alrededor de $15 millones. Categoría C: cerca de $21 millones. Categoría D: más de $26 millones. Categoría E: alrededor de $30,7 millones. Categoría F: cerca de $38,5 millones. Categoría G: más de $46 millones. Categoría H: cerca de $70 millones. Categoría I: alrededor de $78 millones. Categoría J: casi $90 millones. Categoría K: más de $108 millones anuales. Estos nuevos límites buscan evitar que la inflación empuje de manera automática a los pequeños contribuyentes a categorías más altas o directamente fuera del régimen simplificado. Cuotas mensuales: cuánto se pagará desde febrero Además de los topes de facturación, el ajuste por inflación también impactará en las cuotas mensuales del Monotributo, incluyendo el componente impositivo, el aporte jubilatorio y la obra social. Con una suba estimada del 14%, los montos mensuales quedarían actualizados desde febrero. Por ejemplo, la categoría A pasaría a pagar alrededor de $7.468 mensuales, mientras que en las categorías más altas, como la K, los valores superarían ampliamente el millón de pesos para quienes prestan servicios. En cada caso, los montos varían según se trate de prestación de servicios o venta de bienes. La actualización mantiene la lógica del sistema: cuotas más bajas para los contribuyentes de menor escala y un esquema progresivo a medida que aumenta la facturación. Un ajuste técnico con impacto real Si bien se trata de una actualización automática prevista por ley, el efecto es concreto y cotidiano. Para los asalariados, define cuánto del aumento salarial se mantiene en el bolsillo. Para los monotributistas, determina no solo cuánto pueden facturar, sino también cuánto deberán destinar cada mes al cumplimiento fiscal. En un contexto de inflación todavía presente, estas actualizaciones funcionan como un mecanismo de alivio parcial, aunque lejos de resolver los desafíos estructurales del sistema tributario argentino. Opinión pública: la actualización por inflación evita distorsiones evidentes, pero también deja al descubierto una realidad persistente: en la Argentina, el debate impositivo sigue siendo defensivo. Se ajusta para no perder, no para ganar previsibilidad. Mientras no exista una reforma integral que simplifique y dé estabilidad a largo plazo, cada dato del INDEC seguirá siendo una fecha clave para millones de contribuyentes. TAPA DEL DÍA