TAPA DEL DÍA El cierre definitivo de la Escuela de Formación Policial de Pergamino marcó el final de un ciclo que durante años fue presentado como una herramienta clave para fortalecer la seguridad local. La decisión, confirmada por el intendente Javier Martínez, abrió un nuevo frente de tensión institucional con el Gobierno de la provincia de Buenos Aires y volvió a poner en discusión la cantidad de efectivos disponibles en el distrito. Según explicó el jefe comunal, el funcionamiento de la academia respondía a un acuerdo entre el Municipio y la Provincia: la administración local aportaba infraestructura, recursos y asistencia logística, mientras que el Gobierno bonaerense debía garantizar el envío de más policías para reforzar la seguridad en la ciudad. Sin embargo, desde el Ejecutivo municipal sostienen que ese compromiso nunca se cumplió. “Una parte cumplió y la otra no”, afirmó Martínez al confirmar el cierre, dejando en claro el malestar del Municipio frente a lo que consideran un incumplimiento sostenido en el tiempo. Un acuerdo que terminó sin resultados concretos La sede funcionaba en un predio cedido por el Municipio, que durante años sostuvo el espacio con recursos propios bajo la expectativa de que los agentes formados allí fueran destinados a Pergamino. No obstante, autoridades locales aseguran que decenas de efectivos egresaron sin ser asignados a la ciudad, lo que debilitó el sentido original del convenio. Ante la falta de refuerzos, el Municipio solicitó la restitución del predio. Esa decisión derivó finalmente en el cierre de la escuela por parte del Ministerio de Seguridad provincial, poniendo fin a una etapa que había sido presentada como estratégica para mejorar la prevención del delito. La discusión por la cantidad de policías El cierre se produce en un contexto sensible, atravesado por el debate sobre los recursos humanos destinados a la seguridad. Datos informados en el Concejo Deliberante indican que Pergamino cuenta con 373 efectivos asignados en total, aunque solo 204 se encuentran en servicio operativo. Del total, 84 cumplen tareas administrativas, 18 no están uniformados y 65 permanecen con licencias médicas. En términos prácticos, para el casco urbano quedarían entre 120 y 140 policías activos para una población que supera los 115 mil habitantes, además de la cobertura de las localidades rurales del partido. El senador provincial Juan Manuel Rico Zini cuestionó esta situación y señaló que el distrito posee menos efectivos que ciudades bonaerenses de características similares. Desde distintos sectores políticos locales advierten que la escasez impacta directamente en la capacidad preventiva y en la respuesta ante hechos delictivos. Un escenario político abierto Mientras se profundiza la discusión institucional, el Municipio remarca que debió reforzar el sistema de seguridad con recursos propios, incorporando patrullas urbanas, caminantes y tecnología de monitoreo, incluyendo drones de reconocimiento a distancia. Desde la administración local sostienen que el acompañamiento provincial se encuentra por debajo de lo esperado en comparación con otros distritos similares. En ese marco, el cierre de la Escuela de Policía adquiere también una dimensión política que excede lo operativo. Tras la finalización del Operativo Sol en la costa bonaerense, surgieron versiones sobre una posible revisión del esquema de distribución de efectivos y la eventual reactivación del acuerdo original. Aunque ya existieron promesas similares que no prosperaron, en el ámbito local mantienen expectativas moderadas respecto de futuras definiciones. Por ahora, lo concreto es que la Escuela de Policía dejó de funcionar y Pergamino enfrenta un nuevo escenario en materia de seguridad, con menos certezas que antes y con un debate político que recién comienza. Una discusión que interpela a toda la comunidad El cierre de la institución no solo representa el final de un proyecto educativo, sino también el síntoma de una discusión más profunda sobre la coordinación entre los distintos niveles del Estado. Cuando los acuerdos institucionales no logran traducirse en resultados concretos, el impacto termina trasladándose a la vida cotidiana de los vecinos, donde la seguridad continúa siendo una de las principales demandas sociales. TAPA DEL DÍA