TAPA DEL DÍA El reciente anuncio del Gobierno nacional sobre un nuevo esquema de concesiones para el mantenimiento de rutas volvió a encender expectativas en el norte bonaerense. En Pergamino, la noticia reavivó un reclamo histórico: la urgente necesidad de intervenir en el cruce de las rutas nacionales Nº 188 y Nº 32, un punto que desde hace años concentra preocupación por su peligrosidad. Ubicado en una zona de fuerte expansión urbana, en inmediaciones del barrio Villa Alicia y sectores como La Guarida y Luar Kayad, el cruce se ha convertido en un escenario crítico donde la infraestructura vial quedó claramente desfasada frente al crecimiento de la ciudad. El aumento sostenido del tránsito, tanto de vehículos particulares como de transporte de carga, expone a diario a conductores a maniobras riesgosas. Uno de los principales problemas radica en la falta de dársenas de giro y espacios seguros para la detención. Esta carencia obliga a quienes circulan —especialmente en dirección a Rosario— a realizar maniobras en condiciones adversas, en medio de un flujo vehicular constante que no ofrece márgenes de error. La consecuencia es un escenario donde los accidentes se repiten y el temor a hechos de mayor gravedad está siempre latente. El crecimiento demográfico de la zona terminó por agravar una problemática que lleva años sin resolverse. En los últimos tiempos, nuevos desarrollos urbanos y barrios privados incrementaron la densidad poblacional, sumando más tránsito a una traza que nunca fue adaptada a esta nueva realidad. A los reclamos históricos de vecinos se suman ahora nuevas voces que advierten sobre un riesgo cotidiano que condiciona la vida diaria. Desde el ámbito político local, el Concejo Deliberante ha elevado en reiteradas oportunidades pedidos formales para que se ejecuten obras que mejoren la seguridad vial. Sin embargo, hasta el momento no hubo respuestas concretas por parte de los organismos nacionales responsables de estas rutas. En este contexto, la posibilidad de que las nuevas concesiones incluyan inversiones reales en infraestructura abre una ventana de expectativa. La eventual participación de empresas privadas en el mantenimiento y mejora de estos corredores podría destrabar proyectos postergados durante años. No obstante, entre los vecinos predomina una mirada cautelosa: la experiencia indica que los anuncios no siempre se traducen en soluciones efectivas. Mientras tanto, la realidad en el cruce de las rutas 188 y 32 no cambia. El tránsito sigue creciendo, los riesgos se mantienen y la falta de obras continúa siendo una deuda pendiente en una ciudad que no deja de expandirse. Resolver este punto crítico ya no es solo una demanda histórica, sino una necesidad impostergable para evitar que el desarrollo urbano avance sin la infraestructura básica que garantice seguridad. La discusión de fondo trasciende una obra puntual: pone en evidencia la distancia entre el crecimiento de las ciudades del interior y la respuesta de los sistemas viales que deberían acompañarlas. En Pergamino, esa brecha hoy se mide en preocupación, en reclamos acumulados y en la urgencia de decisiones que no admiten más demoras. Opinión pública: La reiteración de anuncios sin ejecución concreta erosiona la confianza social y expone una falla estructural en la planificación vial. En zonas de expansión como Pergamino, la infraestructura no puede seguir llegando tarde: cada demora no solo implica incomodidad, sino un riesgo real que podría evitarse con decisiones políticas firmes y sostenidas. TAPA DEL DÍA